lunes, 18 de agosto de 2014

Tú, mi nuevo poema.

Fuiste una noche de luna Llena,
Con el deseo mutuo de querernos conjugados.
Fuiste esa oscuridad de un día soleado,
Esa sonrisa que sale sin querer,
Y esos suspiros de descanso,
Fuiste un amanecer entre nuestras manos,
Salía de tus dedos y llegaba hasta mis ojos,
Como el aliento de las ninfas.

Quise que me enseñaras a no quererte,
Porque en lo antagónico me volví una experta.
Me deseaste en todos mis tomos,
Todos mis defectos y en todos mis desastres.
Me anhelaste en cada noche y cada amanecer.
Te olvidaste de los días y te hiciste amante,
De nuestras madrugadas.

Porque en cuanto tus besos me enseñaron a hablar,
Fue cuando mis palabras cobraron todo el sentido existente.
Ese momento en que mis versos tuvieron tú nombre,
Y el instante en que la tinta brotaba de tus venas,
Supe que el fin de todas mis Musas había llegado,
Para así dejar paso a la incertidumbre de tus ojos.

Y ahora, desde tus manos frías y tus ojos cielo,
Mis poemas te llevan en versos.


O en besos.