creo que hemos llegado
al punto álgido de nuestra relación, a partir de hoy nos vamos a mecer en la
cuna de tus ojos,
yo con mi permanente sonrisa satisfecha y tú con tus
suplicios y sollozos para que deje de ser libre,
porque lo sabemos las dos,
-no
me quieres libre.-
Y a ver, lo entiendo, claro.
Eres tan insaciable, efímera,
rompediza, egoísta e insegura,
eres tan imperfecta que desnudas tus dudas.
Entiendo que quieras vestirlas,
de negro a poder ser,
que huyas de tus
pensamientos,
de mi existencia,
cojas todas las salidas de emergencia y
enciendas las alarmas,
el detector de humos después de hacerme arder en tus
labios,
comprendo tus ansias de salir evaporada a un mal mayor.
Pero no, mi pequeña,
vas a restar
encerrada en tu propia existencia hasta que liberes tus lágrimas y logres
acabar conmigo,
este lado oscuro que va matándote por dentro.
Es difícil, lo sé, pero las dos
sabemos muy bien que ni nos aguantamos ni lo vamos a intentar,
que sigues
siendo esa pequeña princesa con la cabeza llena de jaulas que encierran
silbidos de pájaros que no entonan canciones.
Antes eras mucho, enorme, antes
puedes convertirlo en ahora.
Recuerda querida,
yo sí te quiero
libre.

