Puede que desistas ante mis sonrisas, que me inspires entre unas sábanas que no entienden de miedos, pero luego, cuando te vas, no hay musa que me aguante, porque sigo soñando con tus manos, sigo inspirando poemas que jamás van a nacer.
Seguramente jamás te dormirás entre mis brazos, ni seré la mujer que algún día soñaste. No te daré dos hijos con ojos azules ni me acostaré en tu mirada cada noche de luna llena.
Tanto tú como yo sabemos la falta que nos hacemos y el daño que nos inunda, ¿sabes? No dejaré de intentar volar alto, seguiré soñando como a los tres años, seguiré rompiéndome las piernas a cada salto. Pero esta vez, voy a dejar que tú seas quien me acompañe, por una vez, volaré bajo tu supervisión, esa que me permite llegar a lo más alto y me impide caer.
Cuando digo que te quiero, no estoy hablando de ningún verbo, hablo de ti, de tu risa, de tus ojos, hablo de tu pelo y tu mirada, esa que solo yo he logrado ver, hablo de nosotros conjugados y sin conocer. Hablo de ti, de mi, por separado.
Me he buscado y te he encontrado, te he buscado y me he perdido, en tus labios, en tu infinito, en el recorrido de tu columna vertebral, en tus cosquillas. Me he perdido en tu interior, como un laberinto sin su (P)Ícaro, como una lluvia sin beso, como una cama sin ti.
Siempre quise entenderme,
Entedernos, entender nuestro amor,
Conjugarnos en aquel pretérito perfecto que no te sabes,
En aquel mar que algún día atravesara mis olas,
Siempre quise quedarme,
Así que si me voy...
No lo tengas en cuenta, porfavor.
Te quisé, te quiero,
pero también me quiero.