sábado, 25 de octubre de 2014

Microcuento.


El último escalón de mi edificio favorito. Volver a escribir, a sentir. La primera luz del día, que llega a una azotea que no entiende de suicidios. El pez que no sabe nada(r), que se ahoga en un vaso de agua. Una copa de cava y un chupito de licor. De vida.

Dos terrones de azúcar en el café. Solo, pero mal acompañado. Un tren que no entiende de velocidad, otro que se descarrila y el tuyo. Una lágrima sin dueño y otra vez, sola. Un suspiro, nada más, sólo uno. O quizás dos. Nadie paseando por las calles de la Gran Vía. El frío invernal colándose por las costuras de tu jersey, por las grietas de tu corazón. Tus cálidos ojos posándose sobre mis labios y dejando de estar solos. Juntos pero no acompañados.

Una sonrisa robada por la mañana, junto a un “buenos días, princesa”. Cuatro más por la tarde y la tuya, de noche.

Amar. Sin ningún perjuicio, sin normas, sin conservantes. Amor. De tú, conmigo, contigo. Con. Para. Desde. Siempre.

Y todo este caos por ti, por mí, sin ti.


No te vayas. Te quiero.


lunes, 6 de octubre de 2014

Su don seguirá intacto.

Entonces te das cuenta que es cuando más duele, que escuchas su voz retumbando en tus oídos, como si no fuera a haber un mañana sin él, sin vosotros.
Y mientras tú, lloras desconsoladamente en los brazos de sábanas vacías y frías, él, bebe cerveza y mira fútbol,
Las penas, digo, siempre se van cantando, pero si no te cantan al oído no te vas a saber jamás la melodía.
Y tú, pienso, jamás has llorado por una mujer, ni has amado hasta matarte, así que no entiendes que quiere decir vicio a sus besos,
Porque jamás has probado el sabor de sus versos, ni te has enamorado de sus musas,
Porque nunca tendrás la oportunidad de aprenderte sus constelaciones, de saber que es cuando agacha la cabeza y mueve la rodilla que se está muriendo de vergüenza,
Porque aunque le sigas causando temblor en sus labios, va a tener muy claro a quien deben pertenecer,
Porque si todo sigue así, ella se va a cansar de llorar por tus dudas y tus ojos, porque ella va a pasar página antes de que tú te des cuenta, y las vas a perder.
Vas a perder sus manos pequeñas posándose sobre tu pecho y recorriendo la comisura de tus clavículas, las que tanto anhela,
Sus ojos inseguros mirando de frente tus miedos, perturbando tu serenidad en la mirada,
Su sonrisa pícara cada vez que acercas tu boca a la suya, su risa cuando inventas sueños,

Vas a perder la inocencia de una tonta enamorada, y te aseguro que nadie va a cuidarte mejor que unos dedos que no saben tocar, pero saben besar el corazón, porque vas a perderte el placer de sus suspiros, 
el placer de verla llorar, 
porque eso sí que es un arte en esencia, 
porque ese sí que es su Don.