Y solo estas pocas veces
vas a
encontrar motivos
para que vuelva a ver en ti
el hombre que una vez mantuvo
-mis
emociones a la deriva-
solo en noches de soledad y descaro,
en noches
menguantes con luna llena,
creando constelaciones con la pupila de tus ojos.
Sabes del cierto,
que si una vez fuiste mis principios
fue porque querías ser
también mis finales,
pero te equivocaste de persona,
pensabas que el lobo feroz
nunca se enamora,
y claro,
todavía menos de la oveja negra.
Porque todavía ni
te imaginas
la de veces que he soñado,
-a contrarreloj y a contra corazón,-
un
reencuentro inesperado,
en medio de las Ramblas,
yo vestida con mi sonrisa
juguetona
y tu enfundado en impulsos supersticiosos.
Y ahora, no quiero, pero debo,
reconocer que cuando cierro los ojos un segundo,
eres tú
quien susurra a mi
oído,
por última primera vez,
para restar insaciable,
cogiendo mi mano
y
matando monstruos,
arreglando aquello
que una vez dejaste hecho añicos,
reviviendo en mi corazón.