lunes, 21 de julio de 2014

A mi yo interior…

-El hambre invisible-











Querida, 
creo que hemos llegado al punto álgido de nuestra relación, a partir de hoy nos vamos a mecer en la cuna de tus ojos,
yo con mi permanente sonrisa satisfecha y tú con tus suplicios y sollozos para que deje de ser libre,
porque lo sabemos las dos, 
-no me quieres libre.-

Y a ver, lo entiendo, claro.
Eres tan insaciable, efímera, rompediza, egoísta e insegura,
eres tan imperfecta que desnudas tus dudas. 
Entiendo que quieras vestirlas, 
de negro a poder ser, 
que huyas de tus pensamientos, 
de mi existencia,
cojas todas las salidas de emergencia y enciendas las alarmas,
el detector de humos después de hacerme arder en tus labios,
comprendo tus ansias de salir evaporada a un mal mayor.

Pero no, mi pequeña,
vas a restar encerrada en tu propia existencia hasta que liberes tus lágrimas y logres acabar conmigo,
contigo, 
este lado oscuro que va matándote por dentro.

Es difícil, lo sé, pero las dos sabemos muy bien que ni nos aguantamos ni lo vamos a intentar, 
que sigues siendo esa pequeña princesa con la cabeza llena de jaulas que encierran silbidos de pájaros que no entonan canciones.
Antes eras mucho, enorme, antes puedes convertirlo en ahora.
Recuerda querida,
yo sí te quiero libre.

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