miércoles, 2 de julio de 2014

Amor y otras tantas adicciones.

"Wild hearts
Can't be broken"

Y él,

era como una droga.

Te enganchaba hasta tal punto, que un segundo sin sus efectos podía hacerse eterno, era tan fuerte que sus dosis acababan por ser un exceso, y te mitigaban todas las partes del cuerpo.

Él era (mi) peor droga.

Me mataba a suaves cuotas,
me secaba los labios
y aceleraba mi pulso hasta llegar a un error mental.

El mundo se me acababa cuando no tenía mi dosis diaria,
ya no era yo quien llevaba las riendas,
era él y mi maldita adicción.

Tras largos periodos de dependencia llegaba un punto en que se esfumaba, dejándome abatida y sin reservas, creía morir en el intento de supervivencia.
Y cuando ya creía que estaba segura, que mi adicción hacia él se había esfumado,
volvía.

Con sus labios rojos y gruesos,
a dedicarme dulces susurros para hacerme volver a casa,
sus brazos.

Y yo,
como mala alumna de desintoxicación, 
me arrastraba bajo su mirada para así sentirme realizada.
Esa dulce adicción iba matándome por dentro, 
y por fuera.
Hasta que golpe a golpe, llegó mi hora, una sobredosis de mordiscos y despedidas que llegaban a su fin acabó con el último aliento de vida que quedaba en mi propio ser oscuro.

Porque queridos,
las drogas matan.

Pero el amor,


más.

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