Entonces te das cuenta que es
cuando más duele, que escuchas su voz retumbando en tus oídos, como si no fuera
a haber un mañana sin él, sin vosotros.
Y mientras tú, lloras
desconsoladamente en los brazos de sábanas vacías y frías, él, bebe cerveza y
mira fútbol,
Las penas, digo, siempre se van
cantando, pero si no te cantan al oído no te vas a saber jamás la melodía.
Y tú, pienso, jamás has llorado
por una mujer, ni has amado hasta matarte, así que no entiendes que quiere
decir vicio a sus besos,
Porque jamás has probado el sabor
de sus versos, ni te has enamorado de sus musas,
Porque nunca tendrás la
oportunidad de aprenderte sus constelaciones, de saber que es cuando agacha la
cabeza y mueve la rodilla que se está muriendo de vergüenza,
Porque aunque le sigas causando
temblor en sus labios, va a tener muy claro a quien deben pertenecer,
Porque si todo sigue así, ella se
va a cansar de llorar por tus dudas y tus ojos, porque ella va a pasar página
antes de que tú te des cuenta, y las vas a perder.
Vas a perder sus manos pequeñas
posándose sobre tu pecho y recorriendo la comisura de tus clavículas, las que
tanto anhela,
Sus ojos inseguros mirando de
frente tus miedos, perturbando tu serenidad en la mirada,
Su sonrisa pícara cada vez que
acercas tu boca a la suya, su risa cuando inventas sueños,
Vas a perder la inocencia de una
tonta enamorada, y te aseguro que nadie va a cuidarte mejor que unos dedos que
no saben tocar, pero saben besar el corazón, porque vas a perderte el placer de
sus suspiros,
el placer de verla llorar,
porque eso sí que es un arte en
esencia,
porque ese sí que es su Don.
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